Los esfuerzos que fueron en vano, serán pagos, más mi vida de libertad y promesas, sueños y
uno que otro dolor de corazón; solo encontraba color cuando sentía sus brazos
rodear mi cuerpo.
Qué pena ver como se aleja su cuerpo, seguido de su fina
sombra, mientras la oscuridad invade mis ojos nuevamente y me ahoga en el pozo
ya conocido de dolor y sufrimiento, mientras su agua, consume uno que otro
pensamiento de felicidad que haya pasado por mi mente.
No sería este un monologo exitoso, sin uno que otro “te amo”
regado en el drama, pero…cuàl es la finalidad de mandar “te amos” sin
respuesta, ignorados, o simplemente devueltos con un “te quiero” de tu boca?
Han pasado mil noches y mil y un días en que las lágrimas
han manchado mi rostro, ahora, se juntan con el agua helada y cruel de este
pozo maldito y le decoran cual rosas en jardín de flores.
Y ya que se fue… ¿qué me queda?; Me queda su recuerdo, y
aquellos deseos locos de escuchar su voz nuevamente, aquella que retumba en mi
mente una y otra vez recordándome que se fue, que ya se ha marchado, o quizás,
recapturando en mi mente las tantas veces que con sus sabias palabras me decía
que debía esforzarme por verme mejor cada vez más.
Claro, tenía que cumplir con sus deseos y objeciones si
quería que esto que solo nosotros conocíamos perdurara lo suficiente; lo
quería, lo quiero, y no podría ni me permitiría dejar marchar aquel dulce
néctar que emergía de su boca, aquella suavidad en cada beso.
Pero su marcha fue simple, marque mi ausencia y renegado a
tolerar un tiempo a solas, busco a otra, algo más fácil, si, más fácil, y
rápido quizás, y así aquel que con su sonrisa iluminó días oscuros y noches
perturbadoras, se fue; hoy, lucho contra su ausencia y su recuerdo, pero estas
oprimen mi pecho, tal como el agua en mis pulmones…
Ahora mi manera de vencer es imposible.

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